La colaboración de Joan Miró con la influyente revista parisina Cahiers d'Art produjo un conjunto de obras que situaron su visión surrealista en el centro del debate de la vanguardia de los años treinta. Trabajando en pochoir —una técnica de impresión en color mediante plantillas, apreciada por su riqueza y precisión—, Miró aportó imágenes a la publicación a lo largo de su historia editorial, de 1926 a 1960, siendo la serie de 1934 uno de sus experimentos gráficos más audaces. Estas obras reflejan el periodo en que Miró se aventuraba más allá de la pintura sobre lienzo convencional hacia lo que él llamaba el 'asesinato de la pintura', abrazando materiales y procesos poco habituales. Su característico lenguaje visual —formas biomórficas, colores primarios, estrellas dispersas y formas lunares sobre fondos escuetos— se traduce con particular vitalidad en el medio del pochoir, donde cada color se deposita a través de una plantilla separada para construir imágenes de inmediatez asombrosa. Las obras de Cahiers d'Art ocupan un lugar singular dentro de la producción de Miró, difuminando la frontera entre el arte y la página impresa, y demostrando su convicción de que el arte podía habitar todos los rincones de la cultura visual. Siguen siendo piezas codiciadas del momento surrealista en París.