Un denso campo de puntos blancos dispersos sobre una superficie negra mate: este es el cielo nocturno reducido a sus términos más elementales, despojado de horizonte, puntos de referencia y cualquier sentido de escala. No hay constelaciones que nombrar, ni luna para orientar al espectador, ni bruma atmosférica que sugiera distancia. La pintura oscila entre representación y abstracción, una imagen fotográfica pacientemente reconstruida mediante capa tras capa de pintura al óleo, cada una lijada hasta quedar lisa antes de aplicar la siguiente.
Celmins comenzó su serie Cielo Nocturno a principios de los años 1980, trabajando a partir de fotografías para crear imágenes que son simultáneamente hiperrealistas y profundamente abstractas. Las superficies acumuladas y lijadas otorgan a las pinturas una densidad táctil que las fotografías no pueden lograr, transformando la profundidad infinita del espacio en un objeto plano y físico. El espectador oscila entre ver estrellas en un vacío y ver marcas blancas sobre una superficie oscura.
Cielo nocturno n.º 2 pertenece a la fase temprana de esta prolongada serie, que Celmins continuó desarrollando durante tres décadas. Su meticuloso proceso — acumulando y lijando docenas de capas — produce superficies que parecen absorber la luz en lugar de reflejarla, creando una cualidad casi aterciopelada. La obra se encuentra en el Instituto de Arte de Chicago.