
El Baco de Caravaggio presenta al dios romano del vino como un joven de aspecto lánguido, envuelto en una toga blanca, ofreciendo una copa de vino directamente al espectador. Hojas de vid y uvas oscuras coronan su cabeza, mientras que un bodegón de frutas maduras y una garrafa de vino tinto reposa ante él.
Encargada por el cardenal Francesco Maria del Monte hacia 1596, la obra refleja los gustos humanistas de su círculo intelectual. Caravaggio aportó un naturalismo sin precedentes al tema mitológico: las uñas del modelo están sucias, la fruta está magullada y el vino ondula sutilmente en la copa.


