La Belle Ferronnière, pintada por Leonardo da Vinci hacia 1490, es uno de sus retratos femeninos más sutilmente fascinantes y un hito del retrato del Alto Renacimiento. La figura —cuya identidad sigue siendo debatida— se vuelve hacia el espectador con una compostura medida que se siente simultáneamente íntima y remota. Entre los candidatos propuestos por los estudiosos se encuentran Lucrecia Crivelli, dama de compañía de la Duquesa de Milán y amante de Ludovico Sforza, y Beatriz de Este, esposa de Sforza; la propia incertidumbre se ha convertido en parte de la fascinación perdurable del cuadro.\n\nLeonardo empleó su dominio del sfumato para modelar el rostro de la modelo con extraordinaria sutileza, construyendo capas transparentes sucesivas de óleo para crear transiciones entre la luz y la sombra de una delicadeza casi atmosférica. El inusual lazo de terciopelo que lleva en el centro de la frente —una ferronnière— dio a la pintura su engañoso apodo, que ya en el siglo XVII se creía referido a la esposa de un herrero relacionada con el rey francés Francisco I. Con unas dimensiones de 63 por 45 centímetros en óleo sobre lienzo, la obra cuelga actualmente en el Louvre de París junto a los demás grandes retratos femeninos de Leonardo. Perdura como testimonio de su incomparable capacidad para capturar la profundidad psicológica dentro de un formato compositivo engañosamente sencillo.
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