Pintado entre 1520 y 1523, Baco y Ariadna de Tiziano es una de las cimas del Renacimiento veneciano. Encargado por Alfonso I d'Este, duque de Ferrara, para su célebre Camerino d'Alabastro — una cámara privada decorada con telas mitológicas —, el cuadro toma su argumento de los poetas romanos Ovidio y Catulo. La princesa cretense Ariadna, abandonada en la isla de Naxos por el alejado Teseo (cuya nave se distingue al fondo), se gira alarmada en el momento en que Baco salta de su carro tirado por leopardos, prendado de ella al instante. Sobre su cabeza brilla la constelación Corona Borealis, que según el mito Baco colocó en el cielo como prenda de su amor.\n\nEl lienzo es una lección de dinamismo controlado. Tiziano divide la composición en diagonal: una mitad bulle con la algarabía del cortejo báquico — sátiros, un gigante envuelto en serpientes, un niño Dioniso arrastrando la cabeza de un ternero —, mientras la otra se abre a un cielo de costoso ultramar, donde los dos personajes se enfrentan en el umbral del destino. La intensidad cromática, la pincelada fluida y la sensación de movimiento detenido hacen de esta obra una de las pinturas mitológicas más electrizantes jamás realizadas.
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