Van Gogh pintó este autorretrato en septiembre de 1889 mientras era paciente voluntario en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole en Saint-Rémy-de-Provence, donde se había internado tras su crisis en Arlés. Es uno de los aproximadamente treinta y dos autorretratos que realizó a lo largo de su carrera, muchos de ellos pintados porque no podía permitirse pagar a modelos. Óleo sobre lienzo de 65 × 54 cm, la obra muestra al artista en vista de tres cuartos, con la mirada fija hacia afuera sobre un fondo de agitadas pinceladas en espiral en tonos azules y azul-verdosos, una textura visual que se ha convertido en una de las firmas más reconocibles de todo el arte occidental.\n\nLa composición es notable por su intensidad psicológica. El fondo arremolinado parece expresar una turbulencia interior que la expresión serena y firme del rostro mantiene a raya, o quizá apenas contiene. Van Gogh llevó el cuadro consigo cuando partió de Saint-Rémy hacia Auvers-sur-Oise en mayo de 1890, y se lo mostró al Dr. Paul Gachet, quien según se cuenta lo describió como absolutamente fanático. Es posible que sea el último autorretrato de van Gogh, aunque los historiadores del arte continúan debatiendo esta distinción. Conservado actualmente en el Musée d'Orsay de París, es una de las obras más celebradas de la colección del museo.
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